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lunes, 4 de junio de 2012

La cueva del "Algarrobo" de Rubén Darío Cedeño


"El Algarrobo", así le llamaban a esa parte del río debido a un árbol del mismo nombre que había crecido cerca y cuyas raíces eran tan extensas que ocupaban gran parte del charco. En una esquina, una cueva enorme era la atracción de muchos que visitaban el lugar. En su entrada se tomaban fotos y bromeaban, pero nadie, absolutamente nadie se había atrevido a ingresar en ella hasta ese día.
Paco y Helen eran los últimos de cinco parejas de jóvenes que decidieron ingresar. La idea de hacerlo, surgió tras una conversación que tuvieron la noche anterior con el padre de Paco. Esa tarde, la presión la ejercieron unos chicos que habían ido de la ciudad. Ellos no querían dejar la experiencia en las afueras del tenebroso sitio.
Helen temblaba del miedo. Así era ella y la idea no le agradaba para nada, pero valía más la curiosidad. Tomada de la mano de Paco intentaba recibir el ánimo suficiente para afrontar lo que venía. Le decía a su novio, que si lo lograban, tendría entonces una historia más que contarles a sus hermanas de la ciudad.
Como era de esperarse, las telarañas que ocupaban la entrada de la cueva, se enredaban en el cabello de los aventureros y las bromas que se jugaban, no eran nada agradables para los más miedosos. 
Uno de los que adelantaba el grupo intentó cortar las raíces que obstaculizaban el paso. Al hacerlo, las demás también se movieron y repentinamente el eco del golpe del machete, se convirtió en un sonido como de estampida que provenía de dentro de la cueva. Los chicos no se movían, quizás por el miedo que les produjo, a pesar de que cada vez se escuchaba más cerca.
Un grupo incontable de murciélagos se abalanzó sobre ellos tratando de escapar. Ellos con sus machetes, ropas y lo que tuvieran a mano trataban en vano de ahuyentarlos. Estuvieron, por segundos, rodeados de animales que emitían sonidos escandalosos y vertían sobre ellos un líquido extraño.
De momento, Andrés, el mayor de todos, tomó de la mano a su chica y comenzo a correr hacia la entrada que ahora se convertía en única salida. Los demás hicieron lo mismo sin parar la carrera a aproximadamente 50 metros de la entrada.
Ya fuera las chicas lloraban. Ellos aún con excesivo cansancio y miedo, trataban de calmarlas. Pero algo no andaba bien. Al salir, eran ocho. Faltaban dos. Faltaban Paco y Helen. La repentina tranquilidad se convirtió otra vez en desesperación. ¿Qué habría pasado con sus amigos?
Dentro de la cueva los dos jóvenes, tomados de la mano, se miraban pero sin decir nada. El miedo de Helen le inmovilizó y no pudieron escapar. Al parecer ya había pasado todo. 
El ruido, que parecía de película de terror, ya no se escuchaba, las raíces ya no molestaban el paso, pero cuando intentaron salir, descubrieron lo grave y peligrosa que era su situación. El sonido de estampida no eran los murciélagos solamente, eran parte de la entrada de la cueva derrumbándose. Sus amigos lograron escapar sin percatarse que el peligro estaba sobre ellos. Los animales, con su instinto eran, indirectamente, mensajeros para los chicos.
Helen y Paco estaban allí dentro, atrapados. Con sus dos linternas de mano o "Flash Light" como les llamaban, tendrían un desafío mayor. Su objetivo principal sería intentar salir de allí antes que el aire comenzara a faltar, antes que anocheciera, pero sobre todo, antes que las historias que había contado el padre de Paco, sobre extraños seres que habitaban la cueva, se hicieran realidad.

Rubén Cedeño

NombreRubén Darío Cedeño
Emailrubedar07@hotmail.com

"La Cintura Más Estrecha del Mundo" de Guillermo Mueses


Desde muy pequeña, Clarice soñó con tener la cintura más estrecha del mundo, pero la madre naturaleza le había negado la suerte de bendecirla con la misma silueta de guitarra de sus primas. En cambio, le tocó soportar el ingrato mote de “Chiffonier” desde que su memoria guardaba registro. Entonces, bastaba con verse en el espejo para ahogarse entre obesas lágrimas.

Durante sus primeros años en un pequeño suburbio de Stratford, Connecticut, su único aliciente era hojear viejos números de Manners, Culture and Dress y maravillarse con las curvas perfectas y diminutas cinturas que dibujaban, en las damas de sociedad, la moda victoriana y la haute couture.

Un día, casi sin querer, a sus manos llegó como una divina epifanía la respuesta a sus más hondas plegarias. Se trataba de un oscuro artículo sin firma sepultado en la página 23 del número de febrero de 1940 de la revista McCall’s. En él se anunciaba el renacimiento de una prenda identificada como “waspie”. Esta variante del corset había sido diseñada para crear el look de la clepsidra, promovido por la estrella ascendente del estudio de Robert Piguet, un joven diseñador francés llamado Christian Dior. El artículo profundizaba en la técnica del “Corseting”, definida como la “constricción gradual y mecánica del torso con el propósito de mejorar la figura y la postura”.

El o la autora, establecía que el cuerpo femenino normal tenía un proporción de 70% entre cintura y cadera, y de 75% entre busto y cintura (Ej: 37-27-38). Una figura mejorada debería poseer una proporción de 45%, correspondiente a una cintura de 18 pulgadas de circunferencia. Para alcanzar tal medida, el torso debería ser entrenado de manera paulatina mediante el uso del corset. Se advertía, no obstante, sobre los riesgos fisiológicos del proceso, que implicaba el desplazamiento de las vísceras, estómago e hígado, y la compresión permanente del pecho, una condición conocida como enfermedad de Glenard.

Pero tales amenazas no amedrentarían a la pequeña Chiffonier Clarice, pues el artículo venía acompañado de una foto de espaldas de Emilie Marie Bouchaud, una cantante de vodevil francesa mejor conocida como Polaire y a quien a la sazón se le reconocía el record de la cintura más estrecha del mundo con 14 pulgadas de circunferencia. A partir de entonces, romper la marca de Polaire se convertiría en la obsesión de Clarice.

Al cumplir los 12 años, una diligente Clarice había logrado reducir su cintura de 36 a 23 pulgadas en tan sólo 40 meses. El paso de la niñez a la adolescencia y el consecuente ensanchamiento natural del cuerpo trajeron consigo nuevos retos y, en lo adelante, el proceso se tornó más lento y doloroso. Sin embargo, esto no constituyó un obstáculo para que, a los quince años, Clarice luciera la impresionante cintura de 17 pulgadas y tres cuartos, un monumental logro para la otrora niña armario que ahora era cortejada por todos los señoritos del pueblo, quienes la apodaban “Cintura de Avispa Clarice”, mientras sus primas se morían de púber envidia.

Pero la talla Polaire aún estaba lejos. Especialmente luego de que, un verano, Clarice cayera enferma y fuera diagnosticada con una rara afección pulmonar que le provocaba frecuentes desmayos. Los doctores le indicaron retirar el corset de manera indefinida en lo que lograba aumentar su capacidad respiratoria a los niveles normales para su corta edad. Clarice tenía 17 años y su cintura medía 15 pulgadas y cinco octavos.
Seis meses después, Clarice había recuperado el aliento, pero también había ganado una pulgada y un octavo extra de cintura. Fue ese invierno cuando se enteró de que, el verano siguiente, se estaría celebrando la competencia mundial para encontrar la cintura más estrecha del mundo en Palisades, New Jersey. Contra todas las recomendaciones médicas, Clarice volvió a usar el corset. En esta ocasión, se hizo fabricar uno por la Compañía Spirella de New Haven, que consistía en una modificación del modelo Clepsidra con 96 hojaletes cruzados y cordones calibre 80 de nylon reforzado. Esta cámara de tortura era capaz de ejercer una presión de 15 libras por pulgada cuadrada sobre el cuerpo de la adolescente, tres veces más que un corset normal.

Tras seis meses de penitencia, autoflagelación y tormentos inenarrables que casi la llevan a la muerte, Clarice había logrado reducir su cintura a 13 pulgadas y media. Finalmente había vencido a Polaire (quien, por cierto, nunca recibiría la noticia, pues yacía en su tumba de Champigny-sur-Marne desde el otoño de 1939).
El 23 de agosto de 1948, una demacrada y frágil Clarice arribó en Palisades dispuesta a reclamar su trono como la dueña de la cintura más estrecha del mundo. Poco le importó que la prensa neoyorquina promoviera un boicot del evento llamándolo “desagradable pasarela de engendros de circo”.

El día de la medición, Clarice sufrió un desmayo por hipoxemia y fue ingresada de emergencia en el Mount Sinai Hospital. Entre balbuceos delirantes que brotaban de su garganta exangüe, trató en vano de lograr que los jueces fueran a medir su cintura en su lecho casi de muerte. En vano hubiese sido pues, al otro día, el titular del New York Post consignaba que la ganadora había sido Gnesen Suchocka, una joven polaca de 16 años cuya cintura había medido 12 pulgadas y un cuarto.

Lo que sucedió a continuación sigue siendo un misterio que elude a los más acuciosos investigadores. Algunos registros dan cuenta de que Clarice abandonó el hospital la noche el 3 de septiembre sin haber sido dada de alta. Una nota del New York Times, fechada el 6 de septiembre de 1948, relata el hallazgo de la mitad superior del cuerpo de una mujer entre 18 y 20 años en estado de descomposición a orillas de Staten Island, aunque algunos testigos afirman haberla visto la madrugada del día 4 en Grand Central Station, abordando el tren hacia Hartford. Algunas crónicas la colocan en Virginia, felizmente casada y madre de tres niñas, muy rollizas por cierto. Hay quienes dicen que se retiró a un convento de hermanas de claustro en la frontera canadiense y que murió muchos años después, como una anciana gorda y decrépita. Una versión muy difundida a ambos lados del Hudson, habla de una extraña aparición que todavía deambula por los riscos de Palisades. Se trata de una mujer que camina separada en dos partes, pues allí donde debería estar la cintura, sólo hay aire. Este autor no puede confirmar ni negar esta última versión.

NombreGuillermo Mueses
Emailgmueses@gmail.com

"Pinocho es una niña de verdad" de José Antonio Soto Vences


Ella tenía tan solo 9 años de edad, jugaba cual criatura indefensa en los parques aledaños de su hogar, le gustaba cantar, bailar y comer todo lo que podía encontrar, sus padres no se preocupaban acerca de su alimentación ya que eran naturistas, una pareja perfecta de los años 80’s les gustaba vestir casual pero con un toque de la naturaleza, nunca faltaban flores en su casa, comida, la que consideraban sana para su organismo, tenían una vaca en su jardín, se llamaba “Debi” era la mejor amiga de Gin;
Todo cambió un día en que Debi no dio leche…
Las 7:00 a.m. Gin se levantaba como todas las mañanas, saludaba a las plantas, a los pajaritos de su ventana, y por supuesto a Debi, su mejor amiga, su nana Lilí la quería mucho y la consentía con todo lo que ella demandaba, ese día pidió su desayuno preferido, una malteada de galleta de chocolate, y un hot cake, claro todo esto bajo en grasas y con menjurjes naturales, pero al momento de que Lilí intento obtener leche de Debi, algo raro sucedió…
-¡Señores! ¡Señores!
Se escuchaba por todo el vecindario;
Era Lilí y su angustiada voz, 
-¿Qué sucede Lilí?
Preguntaron los papás,
-Debi… Leche… Agua…
-Tranquila, que no te entendemos, ¿pasó algo con Gin?
-¡No!
Contestó Lilí señalando a la vaca.
-Debi tiene una señal
-¿Una señal?
Todos se dirigieron al jardín en donde se encontraba Debi, pasando por Gin, que se encontraba comiendo tranquilamente.
Al salir, notaron la señal…
-No le podemos decir a Gin.
-Señores ¿qué hacemos? no la podemos dejar así.
Pensaban en conjunto mientras veían a Gin a través de la ventana.
-¿Papás está todo bien?
Preguntó ella tan educada como siempre
-Sí, en un momento vamos contigo.
-Hay que tirarla
-¿Cómo crees tirarla?, ni que fuera cualquier vaca, es Debi, recuérdalo.
-Perdón señor, la angustia invade mi organismo y no me deja pensar.
-Ya sé
Dijo la madre que hasta ese momento externó su opinión.
-Tú
Señaló a Lilí
-Te quedarás esta semana aquí, mientras nosotros llevamos a Gin a “un paseo” por las montañas, cerca de el mar.
-Claro señora pero ¿qué debo hacer con la vaca?
-Tú sabrás el momento de cumplir con lo establecido en el contrato.
El señor dio la vuelta entrando hacia su pequeña
-¿Pasa algo papá, escuche murmullos cerca de mi amiga la vaca?
-Nada grave hija, de lo contrario, estábamos hablando acerca del viaje de cumpleaños que te prometimos,
-¿En verdad? pero aún faltan 2 semanas para mi cumpleaños pa’,
-Decidimos adelantarlo, por el regreso de tu tía,
-¿Y a dónde me llevarán?
-Al mar
-¿En serio?
-Te lo prometo, partimos esta misma noche, así que ve a empacar.
-Si
La niña salió como un rayo del desayunador hacia su dormitorio.
-Bueno ya no tiene la atención de la vaca
-Yo la llevo después de su partida señor.
-Si, ten mucho cuidado.
El día para Gin pasó volando, mientras ella empacaba sus dulces, juguetes preferidos, vestidos, y traje de baño por supuesto, sus padres preparaban todo para su salida, compraron boletos del ferrocarril, y la reservación de su llegada.
Las 12:00 p.m. y abordaron el ferrocarril; Ya en sus asientos Gin pregunto a sus papás…
-¿Qué es la señal?
-Perdón hija, ¿qué decías?
-La señal papá, los escuché hablando de eso con Lilí.
-Es, es…
-Lo que tu papá quiere decir es que vimos una señal para tu cumpleaños.
-¿Cómo?
-Si hija tu mamá se refiere a que tienes que encontrar esa señal de cumpleaños.
-¿Y en dónde la encuentro?
-A pues eso lo tienes que averiguar tú…
Los padres pensaron que habían salido de aquel tan incomodo momento, pero en realidad lo que sucedió fue que lograron establecer en la mente de aquella niña, la idea de que existe una señal la cual de no encontrarla el festejo de su cumpleaños no tendría significado.
Durante el viaje los padres, como cualquier par de papás, tomaron una siesta, mientras que la niña no dejaba de pensar el porque de la señal, si la vaca tendría algo que ver, Lilí…
Se quedó dormida pegada al vidrio de la habitación del ferrocarril;
Sus padres la despertaron, ya que habían llegado a su destino, bajaron, y sintieron la brisa del mar, el tacto de los rayos del sol, el olor de la arena, la temperatura de el viento, era un sueño hecho realidad, al dirigirse al hotel pasaron por una laguna, y Gin la vio…
Fueron como 3 segundos, ella juraba haber visto a Debi dentro de la laguna, insistía a sus padres que fueran para recogerla, ellos negaban de su existencia en ese lugar, y siguieron con su camino;
El hotel no estaba lejos de la laguna, 10 minutos bastaban para llegar de un lugar a otro; Se instalaron y tomaron una ducha, ya casi era hora de cenar, reservaron en la terraza del lugar, Gin tomó el asiento más cerca de el precipicio, para poder alcanzar a ver la laguna, entre bocado y bocado, no podía dejar de voltear, casi hasta darse por vencida logró identificar 2 tonos de entre la luz de la luna y el reflejo del agua, se convenció de que era Debi, pero no diría nada a sus padres ya que, por segunda vez no le harían caso, terminaron de cenar, y fueron a dormir, 20 minutos después de arroparse salió en busca de lo que ella pensaba “La señal”…
Ningún empleado logró ver a la niña de 9 años, parecía un ninja en plena selva, se camuflajeaba tan naturalmente como sin intensión, salió del lugar, caminó 15 minutos con una escala para hacer pipí, y, llegó.
Al principio pensó que Lilí estaba ahí esperándola para la gran sorpresa, no fue así, volteo y al darse cuenta de que estaba completamente sola, dudó sobre su teoría de la señal y su vaca en el agua, se dio vuelta casi a tientas para no caer en el lago, y escuchó un estruendo que venía de lo profundo, casi como un: “Muuuh”.
Pensó: “¡Debi!” 
Al instante que volteo, se vio envuelta en una especie de lengua gigante, húmeda y áspera, con olor a pescado, y temperatura un tanto agradable, no fue sino hasta las 2 horas cuando entró en si de nuevo, no sabía que le había golpeado, gritaba:
-¡Debi!, ¡Lilí!, ¡Mamá!…
Pero nadie respondió, más sin embargo volvió a escuchar ese ¡Muuh! que provenía de más cerca, se levantó, y camino hacia el sonido, cada vez era más fuerte, y más fuerte, tropezó con un objeto de madera y cayó…
De lo alto un pequeño agujero dejaba asomar una línea de luz, que daba exactamente a un espejo, lo levantó, y antes de quitarle su atención escuchó por última vez ese sonido de vaca-gigante, Pregunto…
-¿Quién eres?
-Muuh
-¿Debi?
-¿Quién es Debi?
Le contestaron.
-Tú
-¿Yo? yo no soy Debi
-Entonces ¿Quién eres y dónde estoy?
-Soy una ballena, vivo en el lago debajo de las montañas ¿Tú, quién eres y porqué estás aquí?
-Soy Gin, tengo 9, y estoy buscando a mi vaca Debi, ella es la señal para mi cumpleaños, necesito encontrarla, sin ella nada tendrá sentido…
-Niña nada aquí tiene sentido, las vacas no nadan, y yo no estoy hablando contigo, te voy a comer…
-¿Qué? espera.
Suplicó la niña que no sabía que estaba pasando.
-¿Comerme? ¿Qué te he echo?
-Eso es lo que yo te pregunto, ¿qué me haz echo?…
El agujero por el cual dejaba asomar una línea de luz, se cerro, un sonido de fierros pegándose entre si dejaban sordo a cuanto estuviera ahí, los lamentos de una ballena hambrienta y enojada en un lago se escuchaban a kilómetros, ella gritaba por su vaca, pero Debi nunca llegó, antes de que todo se inundara la Ballena le dijo a Gin…
-No vuelvas a pintar a tu vaca, o te las verás conmigo.
Todo quedo oscuro, se escucho un golpe demasiado fuerte, el cual hizo a Gin despertarse de su profundo sueño en el ferrocarril, sus padres preguntaron que si estaba bien, ella asintió con la cabeza, sin saber que sucedía, se escuchó una voz, tratando de calmar al público, Los papás se asomaron por la ventana y gritaron ¡Ballena!… Gin volteó y vio a esa ballena de su sueño, corrió, y corrió, pero el pasillo cada vez se hacia más y más grande hasta que la alcanzo y se escuchó… ¡Muuuh!
-Muuh, Muuh, Muuh
Gin abrió los ojos ya que ese sonido no cesaba, trató de enfocar a lo que estaba frente a ella, y era la ballena… perdón, su vaca la esperaba a sus pies de la cama, Gin exaltada saltó de alegría a abrazar a la vaca, diciéndole que jamás la pintaría ya que una ballena se la comería, feliz por saber que no había sido comida por esa ballena, recordó que era su cumpleaños y sus papás tendrían una sorpresa, bajó las escaleras, buscó a sus papás, y en el jardín yacía su añorada sorpresa, salió y gritó ¡Noooooooooooo!, los padres contrataron un show del mar, y si ahí estaba la ballena, en botarga, pero Gin jamás pudo recuperarse de ese episodio infantil…
Ahora Gin creció, pero teme por esa ballena que amenazó con cuidar la piel de esa vaca indefensa y comerse a Gin en una sándwich.


Fin.

NombreJosé Antonio Soto Vences
Emailpepe.pitt.zahoms@live.com.mx

"Luna de Octubre" de Mariel Olivas


Cuando niña siempre soñé con una vida que no es mi vida y que no era la vida que yo quería en realidad sino lo que los demás creían que era lo mejor para mi, crecí paso a paso siguiendo ese sendero marcado... Sea porque siempre tenemos un patrón a seguir, un molde en el que nacemos e imaginarnos fuera de él resulta casi ridículo….
Ridículos eran mis sueños si alguna vez llegué a hablar de ellos…
Que absurda sensación pueden causar las palabras de la gente necia cuando uno tiene ganas de volar… muchos dijeron que era imposible e incluso inconcebible…. Muchos lo dijeron porque quizá nunca se atrevieron o se atrevieron y no lo lograron o simplemente nunca soñaron…. Yo lo único que sé es que a pesar de todo, fui dejando los prejuicios a un lado, sin querer fui haciendo de mi vida cada cosa que quise hacer… tropecé muchas veces y sin duda he cometido muchos “errores” pero, oculta en mi… nunca he dejado de soñar… y en secreto muchos de mis sueños se fueron haciendo tangibles, fueron convirtiéndose en vivencias y que si mi vida no es lo que muchos esperaban…. Al menos es una vida llena de pequeñas cosas que me hacen ser feliz….
Hoy recordé el aroma del lugar dónde nací y viví… recordé el sabor de la hierba buena que me encantaba arrancar de los jardines de mi abuela y comer una a una las pequeñas hojitas… recordé como picaban las piedras en mis pies cuando osábamos, contra la voluntad de nuestros padres, quitarnos los zapatos y “nadar” en un arrollo que tenía 20 o 30 cm de profundidad, o la sensación de vacío mientras caía de un árbol muy alto, la comezón en el cuerpo después de rodar por una montaña de aserrín …. Todos recuerdos maravillosos… que no dejan de ser solamente eso… recuerdos…
Así fue que llegue a este momento en el que estoy escribiendo, como siempre para encontrarme, para entenderme y para vivirme desde fuera…. Y me doy cuenta que estoy aquí, transitando entre una infinidad de personas que se empeñan cada día por ser especiales y agradar a la gente, que camino en sentido contrario y que ahora ni siquiera importa el rumbo, no hay “algo” al final de mi sendero, no espero nada de la vida pero tengo mucho de mi para la vida…. También me doy cuenta que necesito hablar de amor porque aunque me he empeñado en afirmar (y lo sigo creyendo) que no existe, creo que en ocasiones es necesario darle un nombre a esas sutiles sensaciones de alegría y confort que nos dan algunas personas cuando, de alguna manera, sin quererlo, entran de lleno en nuestras vidas y se hacen irremediablemente parte de ellas, la palabra amor es tan burda y tan trillada que a veces he llegado a pensar que los sentimientos que cargo dentro ya no se apegan a ella, debe haber algo más sublime que el amor … debe haber algo mas bello que la existencia…
No terminaré aquí… no quiero terminar hasta el día que deje de respirar, ese día voy a descansar y entonces sí, quizás sólo entonces me convierta en todo aquello que muchos esperaban de mí…. Ya no andaré de un lugar a otro a altas horas de la noche ni del día, siempre estaré en el mismo lugar…. Ya no gritaré, ni diré groserías, ni cantaré, por fin seré seriecita, una damita… ya no haré cosas estúpidas, ni perderé mi tiempo en tonterías, ya no gastaré mi dinero, ni moveré mi carro, por fin tendré tiempo de estar ahí…. Dormida eternamente…. Y entonces, sólo entonces mis sueños, mis luchas, mis anhelos, mis convicciones, mis ideas, mi esencia, permanecerán inertes conmigo, intactas y…. sin importar lo poco o mucho que haya hecho por trascender más allá de mi vida…. Seguramente se perderán en las memorias de quienes me conocieron y la vida seguirá….
Por ello, con la luna iluminando mi rostro, sintiendo el piso frio bajo mis pies y escuchando el sonido del viento romper con mi cuerpo, temblando de frío en esta noche de cielo transparente, gracias a TI… me doy cuenta que no hay nada tan grande ni tan pequeño… todo está justo donde debe estar HOY sólo por el hecho de hacernos sentir vivos…. Pienso que el tiempo no se pierde, simplemente se distribuye… me doy por bien servida con lo que hice hoy sea dormir, reír, ver televisión, escribir, cantar, comer, gritar, llorar, fumar, lo que sea…. Mañana no importa…. Hay cosas que quizás ni siquiera existen ni lleguen a existir…

NombreMariel Olivas Arceo
Emailbejumary_el@hotmail.com

"Paulina el pez payaso" de Ana Restrepo

Paulina el pez payaso
Pasa el día paseando por el parque 
Del pueblo de Pablo el pepino

Nada Paulina
Con gracia y sin prisa
Por entre las altas paredes de algas verdes
Que se mecen al paso de la corriente

Persiguiendo a Pipe el pulpo
Saludan a Pepita la estrella pintada
Que perezosa se posa en el fondo del mar
Sobre las piedras más planas

Paulina invita a todos a una pijamada
Con ponqué y pitos
Festejan hasta pasada la tarde
Hasta que los rayos del sol poniente
Filtrándose en la superficie del mar
Avisan que pronto la penumbra ha de llegar

Presurosos y entre risas y bostezos
Apresuran el paso para llegar a sus nidos
Entre arrecifes y corales
A pernotar con la promesa de un nuevo amanecer



NombreAna Restrepo
Emailanacrestrepo@gmail.com

"La Fantasmal Niebla" de Enrique Franco


...y el marinero pudo, aunque en una mínima medida, saciar un poco su devoradora hambre, causada por días enteros de ayuna...

La sombría tormenta ya había amainado aunque a su paso incontenible había diluido en las aguas de la mar, las pobres almas de los tripulantes del Aegis, a la cual arrebató su espíritu guerrero dejando sólo su inerte casco, flotando a la deriva.

Sólo dos hombres, amarrados velozmente al mástil sobrevivieron el infierno en las aguas del océano, a aquel aluvión, tifón fantasmal que sepultó a todos los hombres, convirtiendo sus camarotes en sepulcros de madera y agua… o arrojándolos por la borda, depositándolos en las profundidades…

Ellos habían sobrevivido, soportando todas las penurias que abatieron sus cuerpos, desde la salida del sol, hasta el destello titilante de las estrellas.

…¿Pero acaso los vivos no desearían estar sepultados en las frías profundidades, y los difuntos, estar vivos en cubierta?

Así las tumultuosas mareas y las Lunas pasaron, siguiendo el Aegis su destino desconocido. Lentamente el hambre y la sed de los navegantes se fueron convirtiendo en dolor y fiebre, y éste calor abrasante transformó los únicos pensamientos de éstos en delirios, alucinaciones y locuras, jugando en sus abatidas almas, con la delgada línea de realidad y fantasía.

Y el Aegis siguió su camino inexorable… -oh que clamor de sed emana de mis fauces, de mis partidos labios, de mi reseca lengua…- palabra alguna no se podían dirigir los compañeros, aunque una sola miraba ya bastaba para comprender.

Pero ahora el viejo comía, como una fiera bestial, devorando sin degustar una carne magra y cruda, hasta que allá, en la parte más densa de la niebla, aquella horrible niebla que los había seguido durante días, divisó una gran sombra, rondando, acechando…

¡Adelante maldito espíritu, fantasma o demonio, llévanos contigo si quieres, puesto que me es imposible imaginar algún Infierno ni castigo peor que este Limbo gris y eterno!

Luego de unos momentos en silencio, la fantasmal niebla, aquel artífice del sueño letárgico de muerte que los acosaba, como si se hubiese roto un conjuro evocado por un maligno hechicero, se disolvió.

¡Un barco…un barco! sólo pudo pronunciar, desde su ardida garganta, el viejo marinero con las últimas de sus fuerzas. Nada más fue escuchado…

Ya sin la perpetua neblina, pudo observar a su alrededor, y con el maleficio roto, anonadado, entró en pánico.

Arrastrándose como sus impulsos lo permitieron, tomó por los brazos a su compañero y lo llevó a popa. 

¡No nos tienen que ver, no nos pueden ver! vociferó.

Sacando el puñal de Judas de la espalda de su acompañante, el viejo arrojó el cuerpo moribundo de su compañero de penurias a las profundidades del abismo. En tanto que caía, gemía en una agonía de incomprensible sufrimiento, ahogándose en su propia sangre. 

Así, mientras el viejo lo observaba bajo el resplandor de la Luna, se hundió el cuerpo desmembrado, perdiéndose en el mar lo que fue el resto de su camarada, de su último consumo de carne.

NombreEnrique Franco
Emailenri_mza@hotmail.com

Viendo su sangre correr Al amanecer


Milly Majuc

Caminé hacia el altar. Las antorchas y la luz de la luna resplandecían como nunca en las piedras labradas del templo de Yum Cimil. Soy Topiltzin, hijo de Itzmen, hanil de Chuj, la gran selva. Vaticino lo que pasa, lo que pasará. Mi suerte ha recorrido la región, trayendo con ella el agrado del Bataab.

Seré sacrificado cuando los grandes soles se enfilen con el templo durante la aurora Por ahora, todos se embriagan. Me dan de beber, algunas caras lloran. A ellas les tranquilizo: -“¡Aic nichoca!¡Aic nichoca!“–. Para muchos, esto sería un honor; para mí, es una escapatoria. Lo que se viene no me deja estar en paz.

Mis últimos augurios me han aterrado. Cada noche trato de encontrarle sentido a esos sueños. Estruendos de adentro y fuera de la tierra; arboles de fuego sobre emporios singulares, fuera de estas tierras. Ya es la hora. Hombres y mujeres corriendo. Nubes grises que queman y matan; Y animales grandes de metal, que revolotean con sus alas en la cabeza.

He visto como grandes pirámides de obsidiana y cristal se destruyen bajos soles inmensos que chocan de manera devastadora contra nuestra kaab. Desolación. Ya no hay más de nosotros. No hay alegría, no hay danza, no hay animales. Solo humo. Me levanté. Me han hecho caminar al compás del tunjul y cada golpe me acerca más a la piedra de los sacrificios. Los tambores suenan cada vez más excitados, como si mi muerte les resultara placentera. A lo largo se escucha una melodía

triste de unas flautas xuls. Es místico. Honraremos al sol y a la luna con mi sangre, en el último día del 10 baktún.

Me acuesto en el lecho de piedra. El Bataab se acerca. Huele a muerte, a cristal, la débil cuerda que sostiene mi existencia aquí, se va desgarrando. El alba se asoma a lo lejos, Es el momento. Respiro. En el silencio absoluto, se hunde la lanceta, se abre mi pecho, y se arranca mi corazón todavía palpitante. Veo mi sangre escurriéndose sobre mi pecho. Ya no suenas los tunjul y las xuls.

-“Topiltzin. Topiltzin, Ahal”.

Me he vuelto a quedar dormido en mi petate.

NombreFin del Sol
Emailatl1992@hotmail.com