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lunes, 4 de junio de 2012

"Pinocho es una niña de verdad" de José Antonio Soto Vences


Ella tenía tan solo 9 años de edad, jugaba cual criatura indefensa en los parques aledaños de su hogar, le gustaba cantar, bailar y comer todo lo que podía encontrar, sus padres no se preocupaban acerca de su alimentación ya que eran naturistas, una pareja perfecta de los años 80’s les gustaba vestir casual pero con un toque de la naturaleza, nunca faltaban flores en su casa, comida, la que consideraban sana para su organismo, tenían una vaca en su jardín, se llamaba “Debi” era la mejor amiga de Gin;
Todo cambió un día en que Debi no dio leche…
Las 7:00 a.m. Gin se levantaba como todas las mañanas, saludaba a las plantas, a los pajaritos de su ventana, y por supuesto a Debi, su mejor amiga, su nana Lilí la quería mucho y la consentía con todo lo que ella demandaba, ese día pidió su desayuno preferido, una malteada de galleta de chocolate, y un hot cake, claro todo esto bajo en grasas y con menjurjes naturales, pero al momento de que Lilí intento obtener leche de Debi, algo raro sucedió…
-¡Señores! ¡Señores!
Se escuchaba por todo el vecindario;
Era Lilí y su angustiada voz, 
-¿Qué sucede Lilí?
Preguntaron los papás,
-Debi… Leche… Agua…
-Tranquila, que no te entendemos, ¿pasó algo con Gin?
-¡No!
Contestó Lilí señalando a la vaca.
-Debi tiene una señal
-¿Una señal?
Todos se dirigieron al jardín en donde se encontraba Debi, pasando por Gin, que se encontraba comiendo tranquilamente.
Al salir, notaron la señal…
-No le podemos decir a Gin.
-Señores ¿qué hacemos? no la podemos dejar así.
Pensaban en conjunto mientras veían a Gin a través de la ventana.
-¿Papás está todo bien?
Preguntó ella tan educada como siempre
-Sí, en un momento vamos contigo.
-Hay que tirarla
-¿Cómo crees tirarla?, ni que fuera cualquier vaca, es Debi, recuérdalo.
-Perdón señor, la angustia invade mi organismo y no me deja pensar.
-Ya sé
Dijo la madre que hasta ese momento externó su opinión.
-Tú
Señaló a Lilí
-Te quedarás esta semana aquí, mientras nosotros llevamos a Gin a “un paseo” por las montañas, cerca de el mar.
-Claro señora pero ¿qué debo hacer con la vaca?
-Tú sabrás el momento de cumplir con lo establecido en el contrato.
El señor dio la vuelta entrando hacia su pequeña
-¿Pasa algo papá, escuche murmullos cerca de mi amiga la vaca?
-Nada grave hija, de lo contrario, estábamos hablando acerca del viaje de cumpleaños que te prometimos,
-¿En verdad? pero aún faltan 2 semanas para mi cumpleaños pa’,
-Decidimos adelantarlo, por el regreso de tu tía,
-¿Y a dónde me llevarán?
-Al mar
-¿En serio?
-Te lo prometo, partimos esta misma noche, así que ve a empacar.
-Si
La niña salió como un rayo del desayunador hacia su dormitorio.
-Bueno ya no tiene la atención de la vaca
-Yo la llevo después de su partida señor.
-Si, ten mucho cuidado.
El día para Gin pasó volando, mientras ella empacaba sus dulces, juguetes preferidos, vestidos, y traje de baño por supuesto, sus padres preparaban todo para su salida, compraron boletos del ferrocarril, y la reservación de su llegada.
Las 12:00 p.m. y abordaron el ferrocarril; Ya en sus asientos Gin pregunto a sus papás…
-¿Qué es la señal?
-Perdón hija, ¿qué decías?
-La señal papá, los escuché hablando de eso con Lilí.
-Es, es…
-Lo que tu papá quiere decir es que vimos una señal para tu cumpleaños.
-¿Cómo?
-Si hija tu mamá se refiere a que tienes que encontrar esa señal de cumpleaños.
-¿Y en dónde la encuentro?
-A pues eso lo tienes que averiguar tú…
Los padres pensaron que habían salido de aquel tan incomodo momento, pero en realidad lo que sucedió fue que lograron establecer en la mente de aquella niña, la idea de que existe una señal la cual de no encontrarla el festejo de su cumpleaños no tendría significado.
Durante el viaje los padres, como cualquier par de papás, tomaron una siesta, mientras que la niña no dejaba de pensar el porque de la señal, si la vaca tendría algo que ver, Lilí…
Se quedó dormida pegada al vidrio de la habitación del ferrocarril;
Sus padres la despertaron, ya que habían llegado a su destino, bajaron, y sintieron la brisa del mar, el tacto de los rayos del sol, el olor de la arena, la temperatura de el viento, era un sueño hecho realidad, al dirigirse al hotel pasaron por una laguna, y Gin la vio…
Fueron como 3 segundos, ella juraba haber visto a Debi dentro de la laguna, insistía a sus padres que fueran para recogerla, ellos negaban de su existencia en ese lugar, y siguieron con su camino;
El hotel no estaba lejos de la laguna, 10 minutos bastaban para llegar de un lugar a otro; Se instalaron y tomaron una ducha, ya casi era hora de cenar, reservaron en la terraza del lugar, Gin tomó el asiento más cerca de el precipicio, para poder alcanzar a ver la laguna, entre bocado y bocado, no podía dejar de voltear, casi hasta darse por vencida logró identificar 2 tonos de entre la luz de la luna y el reflejo del agua, se convenció de que era Debi, pero no diría nada a sus padres ya que, por segunda vez no le harían caso, terminaron de cenar, y fueron a dormir, 20 minutos después de arroparse salió en busca de lo que ella pensaba “La señal”…
Ningún empleado logró ver a la niña de 9 años, parecía un ninja en plena selva, se camuflajeaba tan naturalmente como sin intensión, salió del lugar, caminó 15 minutos con una escala para hacer pipí, y, llegó.
Al principio pensó que Lilí estaba ahí esperándola para la gran sorpresa, no fue así, volteo y al darse cuenta de que estaba completamente sola, dudó sobre su teoría de la señal y su vaca en el agua, se dio vuelta casi a tientas para no caer en el lago, y escuchó un estruendo que venía de lo profundo, casi como un: “Muuuh”.
Pensó: “¡Debi!” 
Al instante que volteo, se vio envuelta en una especie de lengua gigante, húmeda y áspera, con olor a pescado, y temperatura un tanto agradable, no fue sino hasta las 2 horas cuando entró en si de nuevo, no sabía que le había golpeado, gritaba:
-¡Debi!, ¡Lilí!, ¡Mamá!…
Pero nadie respondió, más sin embargo volvió a escuchar ese ¡Muuh! que provenía de más cerca, se levantó, y camino hacia el sonido, cada vez era más fuerte, y más fuerte, tropezó con un objeto de madera y cayó…
De lo alto un pequeño agujero dejaba asomar una línea de luz, que daba exactamente a un espejo, lo levantó, y antes de quitarle su atención escuchó por última vez ese sonido de vaca-gigante, Pregunto…
-¿Quién eres?
-Muuh
-¿Debi?
-¿Quién es Debi?
Le contestaron.
-Tú
-¿Yo? yo no soy Debi
-Entonces ¿Quién eres y dónde estoy?
-Soy una ballena, vivo en el lago debajo de las montañas ¿Tú, quién eres y porqué estás aquí?
-Soy Gin, tengo 9, y estoy buscando a mi vaca Debi, ella es la señal para mi cumpleaños, necesito encontrarla, sin ella nada tendrá sentido…
-Niña nada aquí tiene sentido, las vacas no nadan, y yo no estoy hablando contigo, te voy a comer…
-¿Qué? espera.
Suplicó la niña que no sabía que estaba pasando.
-¿Comerme? ¿Qué te he echo?
-Eso es lo que yo te pregunto, ¿qué me haz echo?…
El agujero por el cual dejaba asomar una línea de luz, se cerro, un sonido de fierros pegándose entre si dejaban sordo a cuanto estuviera ahí, los lamentos de una ballena hambrienta y enojada en un lago se escuchaban a kilómetros, ella gritaba por su vaca, pero Debi nunca llegó, antes de que todo se inundara la Ballena le dijo a Gin…
-No vuelvas a pintar a tu vaca, o te las verás conmigo.
Todo quedo oscuro, se escucho un golpe demasiado fuerte, el cual hizo a Gin despertarse de su profundo sueño en el ferrocarril, sus padres preguntaron que si estaba bien, ella asintió con la cabeza, sin saber que sucedía, se escuchó una voz, tratando de calmar al público, Los papás se asomaron por la ventana y gritaron ¡Ballena!… Gin volteó y vio a esa ballena de su sueño, corrió, y corrió, pero el pasillo cada vez se hacia más y más grande hasta que la alcanzo y se escuchó… ¡Muuuh!
-Muuh, Muuh, Muuh
Gin abrió los ojos ya que ese sonido no cesaba, trató de enfocar a lo que estaba frente a ella, y era la ballena… perdón, su vaca la esperaba a sus pies de la cama, Gin exaltada saltó de alegría a abrazar a la vaca, diciéndole que jamás la pintaría ya que una ballena se la comería, feliz por saber que no había sido comida por esa ballena, recordó que era su cumpleaños y sus papás tendrían una sorpresa, bajó las escaleras, buscó a sus papás, y en el jardín yacía su añorada sorpresa, salió y gritó ¡Noooooooooooo!, los padres contrataron un show del mar, y si ahí estaba la ballena, en botarga, pero Gin jamás pudo recuperarse de ese episodio infantil…
Ahora Gin creció, pero teme por esa ballena que amenazó con cuidar la piel de esa vaca indefensa y comerse a Gin en una sándwich.


Fin.

NombreJosé Antonio Soto Vences
Emailpepe.pitt.zahoms@live.com.mx

"Luna de Octubre" de Mariel Olivas


Cuando niña siempre soñé con una vida que no es mi vida y que no era la vida que yo quería en realidad sino lo que los demás creían que era lo mejor para mi, crecí paso a paso siguiendo ese sendero marcado... Sea porque siempre tenemos un patrón a seguir, un molde en el que nacemos e imaginarnos fuera de él resulta casi ridículo….
Ridículos eran mis sueños si alguna vez llegué a hablar de ellos…
Que absurda sensación pueden causar las palabras de la gente necia cuando uno tiene ganas de volar… muchos dijeron que era imposible e incluso inconcebible…. Muchos lo dijeron porque quizá nunca se atrevieron o se atrevieron y no lo lograron o simplemente nunca soñaron…. Yo lo único que sé es que a pesar de todo, fui dejando los prejuicios a un lado, sin querer fui haciendo de mi vida cada cosa que quise hacer… tropecé muchas veces y sin duda he cometido muchos “errores” pero, oculta en mi… nunca he dejado de soñar… y en secreto muchos de mis sueños se fueron haciendo tangibles, fueron convirtiéndose en vivencias y que si mi vida no es lo que muchos esperaban…. Al menos es una vida llena de pequeñas cosas que me hacen ser feliz….
Hoy recordé el aroma del lugar dónde nací y viví… recordé el sabor de la hierba buena que me encantaba arrancar de los jardines de mi abuela y comer una a una las pequeñas hojitas… recordé como picaban las piedras en mis pies cuando osábamos, contra la voluntad de nuestros padres, quitarnos los zapatos y “nadar” en un arrollo que tenía 20 o 30 cm de profundidad, o la sensación de vacío mientras caía de un árbol muy alto, la comezón en el cuerpo después de rodar por una montaña de aserrín …. Todos recuerdos maravillosos… que no dejan de ser solamente eso… recuerdos…
Así fue que llegue a este momento en el que estoy escribiendo, como siempre para encontrarme, para entenderme y para vivirme desde fuera…. Y me doy cuenta que estoy aquí, transitando entre una infinidad de personas que se empeñan cada día por ser especiales y agradar a la gente, que camino en sentido contrario y que ahora ni siquiera importa el rumbo, no hay “algo” al final de mi sendero, no espero nada de la vida pero tengo mucho de mi para la vida…. También me doy cuenta que necesito hablar de amor porque aunque me he empeñado en afirmar (y lo sigo creyendo) que no existe, creo que en ocasiones es necesario darle un nombre a esas sutiles sensaciones de alegría y confort que nos dan algunas personas cuando, de alguna manera, sin quererlo, entran de lleno en nuestras vidas y se hacen irremediablemente parte de ellas, la palabra amor es tan burda y tan trillada que a veces he llegado a pensar que los sentimientos que cargo dentro ya no se apegan a ella, debe haber algo más sublime que el amor … debe haber algo mas bello que la existencia…
No terminaré aquí… no quiero terminar hasta el día que deje de respirar, ese día voy a descansar y entonces sí, quizás sólo entonces me convierta en todo aquello que muchos esperaban de mí…. Ya no andaré de un lugar a otro a altas horas de la noche ni del día, siempre estaré en el mismo lugar…. Ya no gritaré, ni diré groserías, ni cantaré, por fin seré seriecita, una damita… ya no haré cosas estúpidas, ni perderé mi tiempo en tonterías, ya no gastaré mi dinero, ni moveré mi carro, por fin tendré tiempo de estar ahí…. Dormida eternamente…. Y entonces, sólo entonces mis sueños, mis luchas, mis anhelos, mis convicciones, mis ideas, mi esencia, permanecerán inertes conmigo, intactas y…. sin importar lo poco o mucho que haya hecho por trascender más allá de mi vida…. Seguramente se perderán en las memorias de quienes me conocieron y la vida seguirá….
Por ello, con la luna iluminando mi rostro, sintiendo el piso frio bajo mis pies y escuchando el sonido del viento romper con mi cuerpo, temblando de frío en esta noche de cielo transparente, gracias a TI… me doy cuenta que no hay nada tan grande ni tan pequeño… todo está justo donde debe estar HOY sólo por el hecho de hacernos sentir vivos…. Pienso que el tiempo no se pierde, simplemente se distribuye… me doy por bien servida con lo que hice hoy sea dormir, reír, ver televisión, escribir, cantar, comer, gritar, llorar, fumar, lo que sea…. Mañana no importa…. Hay cosas que quizás ni siquiera existen ni lleguen a existir…

NombreMariel Olivas Arceo
Emailbejumary_el@hotmail.com

"Paulina el pez payaso" de Ana Restrepo

Paulina el pez payaso
Pasa el día paseando por el parque 
Del pueblo de Pablo el pepino

Nada Paulina
Con gracia y sin prisa
Por entre las altas paredes de algas verdes
Que se mecen al paso de la corriente

Persiguiendo a Pipe el pulpo
Saludan a Pepita la estrella pintada
Que perezosa se posa en el fondo del mar
Sobre las piedras más planas

Paulina invita a todos a una pijamada
Con ponqué y pitos
Festejan hasta pasada la tarde
Hasta que los rayos del sol poniente
Filtrándose en la superficie del mar
Avisan que pronto la penumbra ha de llegar

Presurosos y entre risas y bostezos
Apresuran el paso para llegar a sus nidos
Entre arrecifes y corales
A pernotar con la promesa de un nuevo amanecer



NombreAna Restrepo
Emailanacrestrepo@gmail.com

"La Fantasmal Niebla" de Enrique Franco


...y el marinero pudo, aunque en una mínima medida, saciar un poco su devoradora hambre, causada por días enteros de ayuna...

La sombría tormenta ya había amainado aunque a su paso incontenible había diluido en las aguas de la mar, las pobres almas de los tripulantes del Aegis, a la cual arrebató su espíritu guerrero dejando sólo su inerte casco, flotando a la deriva.

Sólo dos hombres, amarrados velozmente al mástil sobrevivieron el infierno en las aguas del océano, a aquel aluvión, tifón fantasmal que sepultó a todos los hombres, convirtiendo sus camarotes en sepulcros de madera y agua… o arrojándolos por la borda, depositándolos en las profundidades…

Ellos habían sobrevivido, soportando todas las penurias que abatieron sus cuerpos, desde la salida del sol, hasta el destello titilante de las estrellas.

…¿Pero acaso los vivos no desearían estar sepultados en las frías profundidades, y los difuntos, estar vivos en cubierta?

Así las tumultuosas mareas y las Lunas pasaron, siguiendo el Aegis su destino desconocido. Lentamente el hambre y la sed de los navegantes se fueron convirtiendo en dolor y fiebre, y éste calor abrasante transformó los únicos pensamientos de éstos en delirios, alucinaciones y locuras, jugando en sus abatidas almas, con la delgada línea de realidad y fantasía.

Y el Aegis siguió su camino inexorable… -oh que clamor de sed emana de mis fauces, de mis partidos labios, de mi reseca lengua…- palabra alguna no se podían dirigir los compañeros, aunque una sola miraba ya bastaba para comprender.

Pero ahora el viejo comía, como una fiera bestial, devorando sin degustar una carne magra y cruda, hasta que allá, en la parte más densa de la niebla, aquella horrible niebla que los había seguido durante días, divisó una gran sombra, rondando, acechando…

¡Adelante maldito espíritu, fantasma o demonio, llévanos contigo si quieres, puesto que me es imposible imaginar algún Infierno ni castigo peor que este Limbo gris y eterno!

Luego de unos momentos en silencio, la fantasmal niebla, aquel artífice del sueño letárgico de muerte que los acosaba, como si se hubiese roto un conjuro evocado por un maligno hechicero, se disolvió.

¡Un barco…un barco! sólo pudo pronunciar, desde su ardida garganta, el viejo marinero con las últimas de sus fuerzas. Nada más fue escuchado…

Ya sin la perpetua neblina, pudo observar a su alrededor, y con el maleficio roto, anonadado, entró en pánico.

Arrastrándose como sus impulsos lo permitieron, tomó por los brazos a su compañero y lo llevó a popa. 

¡No nos tienen que ver, no nos pueden ver! vociferó.

Sacando el puñal de Judas de la espalda de su acompañante, el viejo arrojó el cuerpo moribundo de su compañero de penurias a las profundidades del abismo. En tanto que caía, gemía en una agonía de incomprensible sufrimiento, ahogándose en su propia sangre. 

Así, mientras el viejo lo observaba bajo el resplandor de la Luna, se hundió el cuerpo desmembrado, perdiéndose en el mar lo que fue el resto de su camarada, de su último consumo de carne.

NombreEnrique Franco
Emailenri_mza@hotmail.com

Viendo su sangre correr Al amanecer


Milly Majuc

Caminé hacia el altar. Las antorchas y la luz de la luna resplandecían como nunca en las piedras labradas del templo de Yum Cimil. Soy Topiltzin, hijo de Itzmen, hanil de Chuj, la gran selva. Vaticino lo que pasa, lo que pasará. Mi suerte ha recorrido la región, trayendo con ella el agrado del Bataab.

Seré sacrificado cuando los grandes soles se enfilen con el templo durante la aurora Por ahora, todos se embriagan. Me dan de beber, algunas caras lloran. A ellas les tranquilizo: -“¡Aic nichoca!¡Aic nichoca!“–. Para muchos, esto sería un honor; para mí, es una escapatoria. Lo que se viene no me deja estar en paz.

Mis últimos augurios me han aterrado. Cada noche trato de encontrarle sentido a esos sueños. Estruendos de adentro y fuera de la tierra; arboles de fuego sobre emporios singulares, fuera de estas tierras. Ya es la hora. Hombres y mujeres corriendo. Nubes grises que queman y matan; Y animales grandes de metal, que revolotean con sus alas en la cabeza.

He visto como grandes pirámides de obsidiana y cristal se destruyen bajos soles inmensos que chocan de manera devastadora contra nuestra kaab. Desolación. Ya no hay más de nosotros. No hay alegría, no hay danza, no hay animales. Solo humo. Me levanté. Me han hecho caminar al compás del tunjul y cada golpe me acerca más a la piedra de los sacrificios. Los tambores suenan cada vez más excitados, como si mi muerte les resultara placentera. A lo largo se escucha una melodía

triste de unas flautas xuls. Es místico. Honraremos al sol y a la luna con mi sangre, en el último día del 10 baktún.

Me acuesto en el lecho de piedra. El Bataab se acerca. Huele a muerte, a cristal, la débil cuerda que sostiene mi existencia aquí, se va desgarrando. El alba se asoma a lo lejos, Es el momento. Respiro. En el silencio absoluto, se hunde la lanceta, se abre mi pecho, y se arranca mi corazón todavía palpitante. Veo mi sangre escurriéndose sobre mi pecho. Ya no suenas los tunjul y las xuls.

-“Topiltzin. Topiltzin, Ahal”.

Me he vuelto a quedar dormido en mi petate.

NombreFin del Sol
Emailatl1992@hotmail.com

jueves, 17 de mayo de 2012

"Trance" de Juan Alejandro Aguilar Serrano


Se levanto y se vio en el espejo la imagen que le fue devuelta era de una persona aparentemente mayor de la edad que tenia, preparándose para otro dia monotono mas se dirigio al baño se lavo los dientes y encendio la ducha se metió al agua fria sintiendo la quemazon que le causaba el liquido helado en su cuerpo acabandose de bañar salio del cuarto de baño y se comenzó a cambiar sintio una pequeña molestia en el hombro izquierdo pero hizo caso omiso de esa señal, reflexiono y se dio cuenta de que se sentía solo que toda su vida la habia hecho como si fuera un instrumento de alguien mas que su único objetivo había sido el de avanzar en su entorno laboral,sintio una punzada mas fuerte en el hombro izquierdo, bajo pensamientos oscuros trato de asir las pastillas que le había recetado el doctor pero la mesa de cama parecía lejana avanzo a rastras y estiro un brazo tomo el frasco con las pastillas y se trago 2 de un tirón de repente todo se paralizo el mundo no tenia sentido y cuando sintio la agonia de no poder inhalar simplemente murió.
A la distancia solo se escucho el rumor de los niños jugando en el parque y un hombre con binoculares observando el apartamento con un hombre tirado en su dormitorio, había cumplido su parte cambiando las pastillas para el dolor del hombre ahora le tocaba al destino lo demás.

NombreJuan Alejandro Aguilar Serrano
Emailpsycodelic_waves@hotmail.com

"Mágico terreno" de María Andrea Cruz Blandón


Un grupito no muy chiquito, se dejaba ver entre las sombras, cuando el sol se escondía; cuando sus rostros no se distinguían, se veía como juntos caminando uno a uno se paseaban como dueños del terreno, reclamando derechos, juntando voces para parecer más certeros y grandes ante los ojos de los mortales que en el terreno permanecían por labores académicas que necesitaban para sus vidas, porque en el mundo en que vivían si no poseían conocimiento alguno se convertían por embrujo de los otros en desecho, o en escoria social, poderes que habían sido concedidos por “Elite”, un hombre de aspecto áspero, austero y con un tono bastante grave en la voz, con quien se tenían que relacionar si querían ser muy importantes en un terreno mas grande que aquel en que se entregaban a las labores.

Ese grupito de nombre innombrable, de composición extraña entre la sentencia normativa del grupo de permanecer en clandestinidad, y la necesidad de ser escuchados y seguidos por los mortales que desconocían todo de ellos, excepto su protagonismo febril y su actuar inconfundible, un día que se cubría con un manto encantado que había propiciado el señor “Falaz”, que no distinguía entre la verdad y el amarillismo, generó una inconformidad en este grupito. Entonces haciéndose paso entre los arbustos y revisando minuciosamente el área cambiaron de atuendo tomando una pócima, anduvieron entre la multitud mezclándose entre los mortales, sin despertar sospecha, y maquivelaron todo para que nadie notara de su presencia pero si notara de sus propuestas, con un polvito de “credulidad” que le permitieron al más pequeñín esparcir entre los mortales, porque a él le quedaba más fácil escabullirse, convencieron a la mayoría de la conspiración del señor “Falaz”.

En aquel momento en ese terreno que antes se respiraba tranquilidad se empezó a respirar desconcierto, los mortales corrían y perdían sus pertenencias sin percatarse de ello, entonces Clarisa que era más dada a la cautela, se fue lentamente observando cada movimiento, analizando cada palabra, mientras se encontraba en esa tarea percibió a un pequeñín correr sigiloso por entre sus amigos mortales, esto le pareció sospechoso y no porque estuviese corriendo, porque así la mayoría lo hacía, sino porque este lo hacía con singularidad una de mover sus manos de tal forma que parecía suministrar a todos algo, pero ese algo Clarisa no lo alcanzaba a distinguir. Fue así como ella se aprovecho de la turbamulta, de la pérdida de control, y persiguió discreta al pequeñín, cuando menos pensó se encontraba en un lugar que desconocía, un lugar lúgubre con hojas de arboles secas por doquier; resolvió esconderse tras un árbol cuando notó que los compañeros de marcha eran nada más y menos que aquellos que pertenecían a ese grupito que no se dejaba ver en el día, vio como el pequeñín con un ungüento tomaba forma como parte de ellos, vestido de negro y sin un rostro definido.

Clarisa que de miedos no conocía, cierto día lo conoció, cuando mirando intrigada por el ritual que este grupito llevaba a cabo, lo vio transparente a través de los ojos de aquel pequeñín que imprimió en ella toda la furia de quien es descubierto y no quería que así fuese, sus ojos se tornaron rojos llenos de llamas, brillaba una luz no esperanzadora sino asfixiante que tomo a Clarisa y la dejo inmóvil, impedida y temerosa, luego ella vio como aquel ser le hacia un gesto a un compañero y señalaba al árbol en que ella se encontraba. Ella salió corriendo, sin embargo cuando lo hacía recordó un conjuro que su abuela le había enseñado de pequeña, que se lo enseño con la condición de solo usarlo cuando su vida corriera verdadero peligro, entonces dejo de correr, y recitó el conjuro:

– “Recordaos que el pasado te puso al servicio de la vida, que solo ella podrá decidir cuándo termina, recordaos que no es justo que me quites la vida yo os juro que soy vitamina, oh! Luna tu que me iluminas permíteme ser invisible a los ojos del peligro inminente de aquel que quiere vestirse de verdugo en el día”–

Y terminado el conjuro vio como el pequeñín y sus secuaces caminaron en círculo buscándola sin dar con ella.

Aun así y ya bajo las circunstancias en las que se encontraba y en el efecto de invisibilidad decido seguirles e investigarles más a fondo, pues veía que la integridad de los mortales se ponía en peligro cuando este grupito dirigía las ideas.

Llegó hasta el lugar por el que ella todos los días arribaba al terreno, ahí vio al grupito y a otro grupito también muy parecido, de aspecto tal vez más imponente pero en esencia lo mismo, robustos, de negro y con cara indistinguible, vio como ambos, los del bando de “Falaz” y el grupito del pequeñín se enfrentaron con pócimas, ungüentos, conjuros y polvitos mágicos, ambos grupitos eran muy buenos pero desperdigaban sus fuerzas y conocimiento en la magia con el enfrentamiento, pues los mortales no veían mas allá de lo grande que eran las armas de enfrentamiento sino que veían lo superficial, el polvo que quedaba al final de cada encuentro frente a frente entre ambos grupitos.

Clarisa que aun se preocupaba por la vida de los mortales, se ingenió la forma de comunicarles de la realidad a aquellos que convencidos por la conspiración de “Falaz” perseguían al grupito, la forma de absolverlos con la luz de la verdad y poder quitar el encantamiento que había provocado “credulidad”, ella se pronunciaba como viento y susurraba a los oídos de sus amigos los mortales conjuros para despertaros del hechizo, así poco a poco y más bien lento los mortales fueron entendiendo la situación y sacudiéndose con despabilamiento. El pequeñín que seguía siendo el encargado de esparcir “credulidad” y mantener a los mortales con ellos, se percató de ese comportamiento, y él que no olvidaba que Clarisa se les había escapado dedujo hábilmente que ella era la culpable de eso, y dejando a un lado la tarea con los mortales y el enfrentamiento con los del bando de “Falaz”, buscaba pistas de acuerdo como iban despertando, así le era más fácil atrapar a Clarisa, ella insistía en su labor de susurrar a los mortales, y olvidaba por completo la advertencia de la abuela cuando le ensenó el conjuro, que decía que este duraba el tiempo necesario para escapar del peligro y que una vez desvanecido era imposible volver a usarlo.

Clarisa finalmente terminó su tarea, y salió casi que corriendo de aquel sitio hasta encontrar un lugar más solitario donde pudiera permanecer escondida. El pequeñín notó la brisa que Clarisa generaba con la huida y la siguió como si supiera que realmente era generada por aquella espía; justamente por eso el pequeñín vio como un lugar que antes estaba vacío, se llenaba con una figura de un cuerpo, muy callado se acerco a esta figura y le sorprendió por la espalda, Clarisa solo sintió un aire frio que helaba, unas manos cubiertas que la iban asfixiando, intentó defenderse incluso con el conjuro de su abuela, ignorando que este ya no le servía, pero el pequeñín ganaban en fuerza y logró dominarla y finalmente matarla.

El cuerpo de Clarisa fue encontrado al día siguiente con un doliente que moría junto a su hija, pero al que nadie podía dar explicaciones de lo sucedido, los mortales que se fijaban solo en lo superfluo pasaron indiferentes frente a la escena, tan solo se fijaban quien era el desafortunado de no seguir con vida y seguían su camino apurado por las labores que les esperaban. El pequeñín y su grupito como siempre permanecían ocultos mezclados entre las multitudes influenciando las corrientes de aire para ser seguidos por los mortales, y es que en ese mundito el privilegiado era del más astuto no importaba el caso, así Clarisa murió en el terreno, en la mente de los mortales y en la memoria de quien acabo con su vida, tan solo permanecía merodeante en el corazón y en el recuerdo de su padre. 

NombreMaría Andrea Cruz Blandón
Emailandrea1391@gmail.com