Translate

jueves, 17 de mayo de 2012

"Bruma" de David García Flórez


Fue así como el paso del tiempo y las circunstancias que lo hacían sospechar fueron develadas, el frío entumía sus manos, el viento golpeaba su rostro y el dolor recorría su cuerpo, no podía con el peso que causaba tal noticia. Es verdad, lo sospechaba, pero prefería creer que nada pasaba, que solo eran sus constantes temores haciendo eco en lo que llamaba su nueva vida, que era hora de dejar fantasmas atrás y seguir adelante con lo que tanto quería, con lo que siempre había soñado. 

Había dejado de buscar huellas, miraba al frente, seguía adelante, pero fue el mismo camino, fue ella misma quien puso la piedra que lo hizo caer y ver lo que había recorrido, tal vez ella no pudo ocultarlo más y quería mostrarlo o fue un simple descuido que expuso toda una promesa vacía tras un telón tejido de mentiras. Ella tenía a alguien más pero él perdía todo su mundo, su vida en un instante, su corazón se destrozaba, sus sueños se hacían polvo y ceniza, la pasión, su llama, había sido extinguida y con ella todo por quien vivía.

El dolor era intenso, cristalizó sus ojos y bastaron unos cuantos segundos para que se quebraran en mil gotas de llanto, cada una concentrada con el sufrimiento que solo él podía sentir, las palabras no salían de sus labios, ni siquiera podía gesticular adecuadamente, solo gemidos punzantes producía su boca, en ese instante armado de valor casi ridículo y tal vez, humillándose aún más de lo que ya había sido, lo único que fue capaz de decir -“Hubiese querido que lo ocultaras mejor, prefería vivir engañado que estar así, destrozado, rendido, vencido”, ella no pronunció palabra, él con pasos débiles se fue alejando; vio de nuevo el camino, esta vez con una bruma espesa que ocultaba lo que quería de su vida, subyugado por el dolor y el miedo que le causaba la soledad, se sentó a esperar, a esperar nada, porque todo lo que quería se había ido con alguien más.

NombreDavid García Flórez
Emaildavitodx@gmail.com

"La silla roja" de LutxOspina Manzano


Carlos despierta muy temprano. 

El despertador marca ya las seis de la mañana.



Se levanta, y al que todos los días se prepara para ira trabajar. A Carlos no le gusta probar nada diferente, le agrada la monotonía y el agua bien fría. Ya está listo, vestido y arreglado. Se ha tomado el primer café de la mañana, con dos de azúcar le gusta a él.



Antes de partir mira su reflejo en el espejo de la entrada. Lo que aparenta debe aparentarlo bien. De su casa a la estación tararea aquellos temas que rondan por su cabeza mientras que al mismo tiempo observa a las personas, que como él, se preparan para ir un día más a trabajar.



Mientras espera su respectivo bus pierde las esperanzas de poder ir cómodamente, aunque sea de pie. Hay mucha gente a su alrededor y eso de verdad molesta a Carlos. No soporta sentir el respirar de otra persona. No soporta sentir las manos de otra persona. Pero sobre todo no soporta a todas aquellas personas que van con él.
Le rompe el alma tener que ver a tantas mujeres y a tantos hombres que perdieron sus sueños, que se rindieron y permitieron que sus sueños quedaran en el olvido. Mira el rostro de todas esas personas y se siente como cuando se mira en un pozo tan profundo que no sabes dónde queda el fondo,pero que sin embargo sabes que no tiene nada valioso y que por eso ni la luz llega hasta allí.



Pero de tanto compartir, vivir algunos minutos,escuchar conversaciones que no escuchar, ver tantos besos que a él nadie le da,ha logrado descubrir algo…



- Hay algo que les roba una sonrisa. Hay algo que les permite sentir que tanta espera ha valido la pena. Hay algo por lo que existir.



Después de dos o tres paradas es su momento de sonreír. El hombre que estaba frente a él se ha levantado dejando libre su lugar, ahora él lo puede tomar. Y cuando digo tomar su lugar, me refiero a eso mismo, ahora Carlos puede ser como ese hombre. Puede ser lo que él quiere ser,puede hacer lo que él quiere hacer.



Puede pensar en qué hacer después porque su cabeza ya está en calma, sus sentidos en orden y su cuerpo cómodamente.



La espera ha valido la pena.
A la silla roja llegó al final del día.
La vida ha valido la pena

NombreLutxOspina Manzano
Emailluchospinama@hotmail.com


"La Pena" de Alvaro Franco Nieto

El hombre corrió desesperadamente después de haber hurtado la verdura que no podía comprar y su esposa necesitaba para curar el dolor de estomago que tenía su hija. El, besó la niña en la mejilla tratando de borrarle las lágrimas que bañaban sus rojas mejillas, pero era tarde. El perito forense determinó que a esa hora ya la peritonitis la había matado. Nada de esto conmovió al Fiscal y leyendo al pie de la letra cada uno de los cargos, sentenció al atribulado padre a 15 años de cárcel por haber robado a uno de los comerciantes más ricos del país.

NombreAlvaro Franco Nieto
Emailvarofnieto@gmail.com

Hope


Su cuerpo lucía quebrantado y mórbido, por suerte estaba vivo y el hilo que conectaba su obstinada fuerza a la siniestra esperanza de supervivencia se encontraba firme, aunque no por mucho. Cuando me acerqué parecía ser hembra, pero finalmente era macho. Trataba de ponerse de pie pero el impacto indiferente de un artilugio sin sangre lo hizo volar cerca de tres metros a las afueras del lugar del impacto. El caniche estaba muriendo, lentamente y sus ánimos de ladrar se habían disipado ante su incapacidad de moverse. Por suerte lo hallé y lo miré a los ojos. Desde ahí decidí llamarlo Hope y me aferré a él.
Creo que lloraba aunque el sollozo era tan tenue que el ruido de las bestias animadas por combustible refinado se encargaba de censurar el lamento del can que parecía dejarse llevar por la incertidumbre de la llegada de su muerte. Nadie lo observó ni siquiera y mucho menos se inmutó a recriminar a quien montaba tal carruaje de patas de goma. Me atravesé el camino jerarquizado para bestias sin vida y desde ellas los cláxones no se hicieron esperar. Yo me sentí indiferente a ellos como ellos a la agonía de Hope; detuve el tráfico sin tal intención, mi único fin era salvarle la vida a él que ya sangraba por su hocico abierto. Estaba malherido y comenzaba a cerrar sus ojos, yo no veía suerte de salvación y mucho menos solidaridad de aquellos que dicen guiarse por el corazón. ¿Es que no ven que sufre? me pregunté con constancia interrumpido por el ruido incesante que perturbaba mis ideas y desasosiegos al observar a Hope convaleciente y moribundo. Me quité la camisa, lo arropé y asumiendo cualquier otro riesgo que pudiera acelerar su deceso, lo cargué con ímpetu y empecé a correr gritando ayuda. Nadie se sorprendió.
Llegué a la clínica, sí, a la de humanos, y aunque parecía morir Hope, los ojos de la enfermera obesa miraron de reojo a la vida que se iba; con indiferencia rechazaron al can del establecimiento aduciendo discriminación de especies y me marché con supremo enojo y desesperanza dando permiso a uno de los automóviles al que le fue abierto el paso para aparcar en el lugar donde un perro moría. Hope respiraba más despacio pero con más dificultad. Las lágrimas comenzaban a expresarse en complicidad con mi zozobra y con el desahucio de Hope, yo le hablaba a la oreja, a la peluda oreja color avellana que hilachuda y azarosa se veía sucia pero sana a comparación de su abdomen y sus patas traseras. “Vamos Hope, resiste, vivirás” le decía a él tratando de animarme a mí mismo a salvarlo, era claro que no me comprendía. 
Hope comenzó a respirar de forma irregular y con rapidez. Mis lamentos se hicieron más brumosos, mi respiración también se agitó y la desesperación me invadió definitivamente. “¡Se está muriendo hombres indiferentes!, y aquí es donde ustedes se limpian las manos de la sangre que en el espejo observarán si remueven su piel y su rostro. ¿Quiénes son ustedes para jerarquizar las vidas que nos acompañan en el mundo? ¡¿Quiénes?!” Grité exasperado y golpeando con mis piernas toda la basura que alrededor adornaban la pútrida indiferencia de quienes me observaban atónitos y desafectos.
Caminé tiempo impensado ya con Hope desfallecido, esparramado en la camisa y sin señal alguna de vida. Mis lágrimas se arrebataron al tiempo que mis pasos las corroían hacia el exterior de mi rostro, procuraba desplazarme con los ojos cerrados no sé si para evitar derramar más de mi llanto o para simplemente evitar encontrarme con la escena deplorable que mi camisa sostenía. Finalmente hallé un lugar especializado para Hope, me dijeron que no tenía signos vitales y que lo mejor era enterrarlo, que no tenía caso esforzarse con recuperarlo. Me rehusé en absoluto porque durante el trayecto mis presentimientos vagos se apropiaron de un poco de vida del can y yo quería devolvérsela. Propuse pagar todo lo necesario porque ni siquiera el médico de animales se compadeció de su paciente malherido. Rayos X, exámenes, reanimaciones y más adelante cirugías fueron necesarias para que finalmente Hope contara con un haz de vida, el cual estuvo a punto de opacarse por la insensibilidad humana hacia la vida. 
Permanecí horas incontables dormido en el piso de la clínica a la espera de una sonrisa del veterinario; al cabo de unas lágrimas, en la madrugada, la noticia me fue dada: Hope había perdido la movilidad en sus patas traseras y en su cola, pero finalmente sobreviviría. Nunca antes había llorado de tal forma. Mis gritos de desesperación se transformaron en exclamaciones de júbilo y los ladridos de los perros albergados en la clínica no se hicieron esperar; quizá porque los perturbé, o quizá por el júbilo de que uno de los suyos sobrevivió a la inclemencia de la indiferencia humana.
El paso de unos días le permitió a Hope recuperarse y volver a abrir los ojos, esta vez con una vitalidad sobresaliente a comparación de la que tuve la desventura de observar. No se me permitió verlo hasta entonces. Supuse que sería un momento ─por lo menos para mí─ digno de almacenar en los recuerdos que se reproducirán en el último segundo de la existencia y por esa razón el frío atenazó mis dedos y debilitó mis piernas, el sudor se hizo proclive a las ansias y al júbilo expectante que el reencuentro con Hope me producía. La puerta blanca se hizo más delgada hacia el horizonte y con un chirrido leve, más leve que mi rencor hacia lo inhumano, Hope se vino con velocidad desesperante hacia mi desbocada sensación de ahogo absoluto en el placer de verlo, convaleciente, pero moviendo casi todo su cuerpo en señal de agradecimiento y alegría a consecuencia de su incapacidad para movilizar su cola. Fue inefable. Describir cómo esa bola de pelos avellana con negro y hocico bigotudo se acercaba cada vez casi que queriendo abrazarme con sus garras aferradas a mi júbilo me hicieron encontrar una razón de vida más allá de la humana, más allá de la fría y maquinizada conciencia humana.
Hope vive conmigo ya, desde hace varios años, y nunca le ladró jamás en sus paseos a un automóvil; en cambio ellos, con su afán desaforado por seguir el camino hacia el que todos nos dirigiremos algún día, continúan accionando su claxon impacientes pidiendo acelerar el cruce de la carretera a Hope quien, aún con más astucia que ellos, se toma su tiempo para atravesárseles por la vía que recorrerán hasta que pierdan la esperanza.

Escrito por Jack Henriquez

lunes, 14 de mayo de 2012

Al ritmo del arrabal amargo


Y es que su silueta era tal de lejos enmarcada en ese humo blanco embriagador que desprende los sentidos de la misma piel que los percibe, con un aroma dulce y fuerte me hace sentir el ardor, casi que reclamando a mis pulmones no inhalar aquello que me hipnotiza y seduce al mismo tiempo. Así la vi con su figura pintada por tenues brochazos de tentación y malas intenciones, cazadora que buscas un simple trofeo más marcado en tu piel.

Al borde del solar y al ritmo del arrabal amargo movía su figura en ligeras pero persistentes líneas curvas bañadas por el platino de la luz celeste, era un sueño en la realidad. Mis rodillas temblaban con disimulo al borde de esa silla de mimbre tejido y gastado, mientras los dedos quedaban entumidos por la fuerza con la que apretaba la silla y las tonadas de antaño parecían menos significativas al ritmo de su piel y sus caderas.

Con el corazón en la garganta quería acercarme, pero no podía dejar que pensara que soy presa fácil, sin retos ni obstáculos. Ella estaba cada vez más cerca, pues por mí no sentía ningún respeto, solo quería tenerme, sin treguas ni permisos, no era su estilo preguntar y yo acostumbrada a responder.

Sin embargo, me mantenía firme, al borde de la silla justo a la entrada del solar contemplándola a ella bajo el manto roto de la noche, ya ni siquiera la música tenía algún sentido, pues sus caprichosas caricias no me permitían ni lanzarme, ni resistirme. Y es que yo misma me puse la soga al cuello cuando la invite a mi intimidad, si con malas intenciones, sí, yo no esperaba tal ferocidad, la más fina espada echa mujer.

Tal cual, su fina piel blanca y perfecta como el más inmaculado acero y sus caricias cortantes como el más fino filo en la hoja que son sus dedos, así mismo su pelo rojo, teñido de la sangre de sus víctimas, pues es innegable su frase, no ha existido nadie que no la haya deseado, aun si soy egoísta y la quiero mía, prohibida y cortante, pero mía, solo mía. 

Déjame llevarte entre mis sabanas y somos una, déjame sentir el suave aroma de tus labios en mi paladar para recordar que estuviste aquí, y poder decir que fui inocente hasta que vi tu figura. Quiero sentirte dentro y suave, tócame como te tocas a ti misma, mírame como has mirado a tus amantes, bésame como solamente me has besado a mí.

Si así dejamos atrás la silla gastada de mimbre y el frio del solar, así entre mis sabanas blancas, dejamos que las melodías aleatorias nos llevaran lentamente al borde la cama, mientras miraba tu cuerpo con mis manos y sentía el blanco de tu piel, manchada por un lunar justo debajo de uno de tus senos, y yo casi indefensa ante la fuerza de tus labios en mis hombros y mi cuello, era tu marioneta. 

De repente, no aguantaba más ya te necesitaba cerca y propia, pero tu caprichosa respondiste de otra forma a mi llamado, dejaste la noche envuelta en un abrazo, acabas de apagar la vela. Mañana seré otra, ya lo veraz, mañana habrás perdido y yo me quedare con nada, pero no perderé lo que no es mío, tu perdiste lo que tuyo pudo ser, solo para ti.

R. Saldarriaga

NombreRicardo Andrés Saldarriaga Escobar
Emailsaldarriagaricardo@gmail.com

Esperanzas, modas y lecturas (Homenaje a Don Ernesto Sabato)


El muchacho pobre que leía mucho sintió gran felicidad cuando supo que allá afuera, en el mundo que no le pertenecía, se había puesto de moda la lectura, y hablar de libros, y de autores, y asistir a Ferias y todo eso, justo cuando se cumplía un año de la muerte de Don Ernesto Sabato.

-Es maravilloso -pensó.

-Es la ventaja de las modas -comentó el anciano vendedor de libros de segunda mano del centro de la ciudad-; las modas son como puertas por las que las personas atraviesan a salones y galerías temporales en los que hay una relativa posibilidad de que otras personas, que desde siempre se han identificado con eso que ahora los reúne, sean escuchadas.

El muchacho pobre que leía mucho pensó entonces que ahora que esa puerta estaba abierta, quizás encontraría alguien con quien compartir tantas y tantas cosas que habría tenido calladas siempre, desde cuando, siendo muy pequeño, leía los viejos diarios antes que fueran vendidos como material de reciclaje, época en la que conoció por primera vez autores como Stevenson, Poe o Sabato, gracias a los esfuerzos de una profesora de la escuela pública y aquella colección de literatura de bolsillo que su padre había comprado muchísimo tiempo antes, precisamente en la tienda de libros de segunda mano que seguiría frecuentando el hijo, cada vez que contaba con algún dinero.

También recordó el sentimiento de particular emoción que experimentaron Martín del Castillo por Alejandra Vidal, o Juan Pablo Castel, por María Iribarne, cada que estos hombres encontraban en aquellas señoritas alguna señal que les permitía tener la esperanza de no hallarse solos en el mundo, o al menos, de saber que sus almas podrían ser interpretadas, de forma que aquellas mujeres eran mucho más que atractivas, simpáticas y extraordinarias. Entonces pensó que quizás, en alguna calle, en un restaurante, en un bus o hasta en su propio lugar de trabajo, llegaría una escena para él, tal como la tuvieron los personajes de El Túnel y Sobre Héroes y Tumbas, una escena en la que una atractiva y enigmática mujer tendría algún tipo de conexión especial con este muchacho pobre que leía mucho, en virtud de la amada lectura.

-No hay que emocionarse tanto –espetó el viejo asesor/vendedor de lectura, ser ambiguo que a manera de un Caronte moderno, es capaz de transitar entre dos mundos tan distintos como el de la expresión artística a través de las letras y el de las relaciones basadas en el interés propio, la conveniencia y la desconfianza-; luego de tantos años en este negocio, uno sabe que la moda a la lectura, que se impone necesariamente por excusas comerciales, funciona igual que todas las modas: la mayoría de las personas que llegan persiguiéndola, generalmente se van con su ocaso; se van a buscar otras puertas y hacia otros salones, siempre en permanente carrera por no quedarse atrás. Ya te digo: con una persona que se quede ya es ganancia, sobretodo tratándose de libros y lecturas.

Al mes siguiente, con el fin de la Feria del Libro, Bogotá volvería a la normalidad, y el muchacho pobre que leía mucho quedó en aquél salón sin fronteras, que puede estar en cualquier parte, junto a otros tantos anónimos seres, mujeres y hombres conspiradores contra la precariedad del Mundo Material, que saben que hay letras que fueron creadas para volar con ellas, recorrer los caminos insondables del Alma, auscultar el comportamiento y el Destino de la Humanidad, atreverse a soñar y adentrarse en el conocimiento y expresiones de la Naturaleza, el Arte, la Vida, el Amor y la Muerte. No son para cualquiera.

Pero también saben que hay letras diseñadas para difundir los rasgos necesarios para estar a la moda, ofrecer automóviles y créditos bancarios, revelar los secretos de belleza e intimidades de la gente famosa, o para construir discursos políticos.

-Y aún así, es maravilloso.

Hoënyr © 2012. (WWW.HOENYR.COM)

NombreHENRY CASTELLANOS CÁRDENAS
EmailHOENYR@YAHOO.ES

Mariposas Juguetonas


La conocí en ese pequeño parque que realmente era todo mi pueblo, digo esto porque si te sentabas en la mitad de este mirando hacia el norte verías la imponente iglesia del pueblo, no era tan imponente que digamos, debido a que no era ni grande ni hermosa, era imponente porque era la única iglesia del pueblo y esto hacia que su única torre y sus paredes de ladrillo se vieran tan hermosas porque era lo único que conocíamos, cuando realmente conoces una sola iglesia, crees que es hermosa porque no hay más puntos de comparación, por esto a veces pienso que la belleza es necesariamente una comparación, todos seriamos hermosos si fuéramos la única persona en el planeta pero empezamos a ser feos cuando hay más gente entre nosotros, que lastimosamente es más bella, (boberías las que pienso cuando acompaño a mi abuelo los domingos al cementerio), les estaba hablando de mi parque o de mi pueblo como lo prefieran llamar. Si miras hacia un lado sentado en el centro encontrarás la alcaldía , si volteas la cabeza la cárcel y si te das vuelta el cementerio que está al lado del hospital, en los paseos con mi abuelo me pongo a pensar que los que construyeron este pueblo eran muy inteligentes por haber puesto estas edificaciones una al lado la otra. Ya que les hablo de mi pueblo tengo que hablarles de la única casa que conozco que es la casa de mi abuelo, esta queda al lado de la iglesia, en una pequeña calle, todas las demás casas cayeron mucho antes que yo naciera debido a que nadie habitaba en ellas.
Mi pueblo es un pueblo muy raro, los únicos que habitan en el, somos mi abuelo, esa chica que conocí en el parque y yo, aunque habitar no es un término que este muy bien usado, lo que pasa es que nosotros tres somos los únicos que estamos fuera de esos cinco edificios que rodean al parque. El resto de la gente habita dentro de los edificios que rodean el parque, dependiendo las necesidades que tengan, cuando tienen ansias de poder habitan la alcaldía y como de estas ansias nunca se saca nada bueno, tienen que pedir perdón para la salvación de sus almas, cuando sienten esto van a habitar la iglesia y cuando allí han logrado salvar sus almas de una eternidad de sufrimiento van a habitar la cárcel porque tienen que purgar por sus errores para que su imagen no quede manchada. Cuando ya han pagado su pena y su imagen queda limpia van a habitar el hospital porque la vida en la prisión no es nada fácil ni para el cuerpo, ni para la mente, después del hospital van directo al cementerio, porque el hospital de mi pueblo es el único hospital del cual no ha salido nunca una persona viva, todos salen derecho al cementerio y cuando ya han descansado lo suficiente se desentierran y vuelven a iniciar el ciclo. Por eso mi pueblo es tan raro, supongo que este debe ser el único pueblo donde toda la vida del hombre esta resumida a simples edificaciones, y donde un hombre puede ser cuantas cosas se le plazca: Alcalde, doctor, enfermo, carcelero, preso, difunto, enterrador, pecador y hasta cura. Excepto una cosa no pueden ser estos hombres, ellos no pueden ser dolientes y ahí es donde entramos mi abuelo y yo, él es el doliente de un pueblo de muertos como siempre ha sido anciano, siempre hay alguien que acompaña a los abuelos y ese soy yo.
Algunas veces los domingos pienso que yo no conozco ningún otro pueblo por tanto ¿Cómo puedo saber que este es el único pueblo donde todos los días es domingo, donde solo hay cinco edificios, donde hay un joven y un abuelo que van todos los domingos a visitar a los muertos?, que tal si este pueblo no sea tan raro como pienso, si no simplemente sea igual que todos los pueblos de esta gran tierra, incluso quien quita que no exista ningún otro pueblo, por tanto seriamos la regla y no la excepción, pero como saben esto son boberías que pienso cuando acompaño a mi abuelo los domingos al cementerio. 
Ya dejando a un lado mi pueblo, les hablare de lo que realmente quería hablarles, que es esa bella joven que conocí un día en el parque, en un recorrido habitual que hacía con mi abuelo. No les puedo decir si la conocí el domingo pasado, o el antepasado, porque realmente no lo sé, en mi tiempo parece que el tiempo no pasara porque todos los días son absolutamente iguales parece como si alguien hubiera hecho un solo molde para los días y eso es lo que estoy viviendo ese maldito molde día tras día, la única razón por la que se que los días pasan es por la hermosa piel blanca de esa chica, esa piel es el único lugar donde se ve que los minutos, las horas, los días y los años van pasando porque el pasar de los días la van acabando poco a poco, pero ella saca esa fuerza que lleva dentro y hace que ese paso de los días la vuelva más bella, al darle un toque de experiencia propia el paso de los años. Ella siempre esta quieta entre los árboles, siempre con esa expresión fija en todo su cuerpo, una mirada helada como el frio material del que está hecha, su postura firme la cual le da un toque de absoluta seguridad y esa dirección de la cabeza, la cual hace pensar que mira fijamente al cielo para descubrir todos los secretos que este esconde. Todo esto hace pensar que esta joven es absolutamente fría y está totalmente concentrada en sus pensamientos pero hay algo en ella que no cuadra y es esa sonrisa, es una sonrisa cálida que va dirigida hacia uno, cuando la ví por primera vez sentí como si estuviera hablando con esa ella y la hubiera hecho reír. Esto me recuerda cuando hago reír a mi abuelo con alguno de los cuentos que invento y gracias a esa sonrisa la expresión de su cara toma una juventud impresionante e imagino cómo habría sido el abuelo cuando joven, si esto alguna vez pasó, claro está. Lo mismo genera la sonrisa de esta chica porque le da un tono caluroso a la fría imagen que transmite el resto de su cuerpo, creo que por eso me ha empezado a interesar y a gustar, quiero saber porque sonríe esta bella adolescente. Todos los días la veo e imagino cada día una razón diferente por la cual esta sonriendo, hoy pensé que estaba sonriendo porque antes fue una bella joven, a la cual una noche su novio transformo en estatua pero antes de esto, él le había dicho que la amaba y por eso ella estaba sonriendo, a veces pienso que si los ojos son la ventana del alma, la sonrisa es la ventana del corazón, observándola bien lo único que he logrado descubrir es que se llama: ¨Felicidad¨.
Hoy ya no pienso porque sonríe de esa bella forma, hoy pienso ¿Por qué se habrá ido?, ¿Qué habrá pasado con ella?, ¿Dónde estará?, hoy pase como de costumbre con mi abuelo y ella ya no estaba, la angustia y la tristeza me absorben porque quiero saber de ella, pero no ha dejado ni un solo rastro que me diga donde podría estar, o que podría estar haciendo, pero no ha dejado nada, absolutamente ¡Nada! Ya varios días han pasado y no he sabido nada de ella, los primeros días no pude dormir pensando en lo que le habría pasado, después me fui calmando poco a poco y mi cansancio empezó a vencer a mis angustias, hasta que por fin pude dormir, los días pasaron y con ellos mis recuerdos de ella se fueron yendo, hasta hace pocos días debido a que alguien llamaba a la puerta, lo cual nunca había pasado porque los únicos que habitábamos este pueblo somos mi abuelo y yo , los dos estábamos en la casa al momento en que llamaron. Al oír el ruido de la puerta me apresure a abrirla, pero al abrirla no encontré absolutamente nada, solo un papel que decía:
-Prepárate, vete despidiendo de tu abuelo y de este pueblo porque pronto llegare y ambos descubriremos cosas totalmente nuevas, 
Posdata: Con esta carta te envió algo muy hermoso que he encontrado en este nuevo mundo y me ha fascinado profundamente, se llama mariposa.
Atentamente: Felicidad
Al leer la carta, una alegría inmensa se apodero de mi cuerpo porque la carta era de ella, de la estatua que tanto había extrañado que sin darme cuenta tanto había querido, pero así es el amor pasa cuando no te das cuenta , con la carta encontré una especie de palito pegado a 2 papeles gigantescos de colores, los cuales eran muy hermosos, los días han pasado y hasta hoy no ha vuelto a ver señal de ella , tun tun tun, otra vez la puerta está sonando , ¿sera ella?.
El joven ilusionado de que fuera ella, la bella estatua de la cual se había enamorado, salió corriendo hacia la puerta y la abrió, enfrente de él encontró una señora ya de edad con el pelo un poco blanco y la piel un poco arrugada, la miro fijamente de pies a cabeza una y otra vez, hasta que vio su sonrisa y se dio cuenta que era ella, no había duda alguna, su boca seguía teniendo esa misma expresión de calidez la cual el joven había contemplado día a día y la cual había grabado tan perfectamente en sus recuerdos, pero esta expresión se vio turbada porque sus labios se abrieron y dijeron :
-Sigueme
-¿A dónde quieres que vaya?, respondió el joven
Ella se quedo callada y simplemente agarro al joven por la mano, hecho esto los dos salieron a correr y la puerta, el abuelo, el parque y el pueblo fueron quedando atrás, tan atrás que cuando él voltio para mirarlos ya no estaban, solo veía una gran llanura que se extendía hasta el horizonte , siguieron corriendo por horas , tal vez por días , hasta que un dolor terrible se apodero de sus piernas , el joven pensó que era fruto del cansancio pero cuando miro sus piernas, parecían como de color gris y este color se estaba apoderando de todo su cuerpo hasta que por fin se convirtió en una estatua, la cual estaba en la mitad de un parque lleno de arboles y de gente que cruzaba de un lado para otro, él no sabía quién era toda esa gente que iba de un lado a otro hasta que por fin vio la cara de alguien conocido, era la muchacha de la hermosa sonrisa, la cual lo había traído hasta acá, ella se acercaba hacia él, cuando estuvo al lado suyo abrió sus hermosos labios que lo habían fascinado desde la primera vez que los vio y dijo:”
-Lástima que te hallas convertido en estatua, en este pueblo tan diferente al tuyo, ojala algún día encuentres la forma de escapar y no te preocupes cuanto tiempo te demores, yo estaré esperándote por ahora diviértete mirando ese par de mariposas juguetonas. La joven levanto la mano y señalo una dirección, luego se acerco mas al joven, le dio un beso y solo dijo: Chao. 
Él no se podía mover, ni decir palabra alguna porque era una estatua lo único que pudo hacer fue mirar hacia donde ella había señalado y ver a un par de cosas a las que ella llamaba “mariposas’’ revolotear por todos lados y pensar que tal vez algún día, ellos dos también revolotearían como un par de mariposas juguetonas. 

Nombrejose miguel pinto lopez
Emailjosepinto2907@hotmail.com